| El comercio entre estos
dos grupos opuestos (pieles y marfil a cambio de mercancías
europeas) contribuyó mucho a moderar las relaciones, como
también el impacto de los misioneros que actuaban como árbitros
en las disputas. Pero con el tiempo, el robo de ganado a ambos lados
de la frontera condujo a una serie de enconadas guerras, en las
cuales la superioridad en armamento le dio la victoria a los europeos.
Ya para finales del siglo XIX, lograron controlar todo el territorio
entre el Cabo y las fronteras de la colonia británica de
Natal.
Desde 1836 hasta 1838 las tensiones en la frontera produjeron una
segunda y más deliberada emigración de la Colonia
del Cabo, denominada la Gran Marcha. Los holandeses junto con sus
servidores khoikhoi avanzaron hacia el norte en protesta por la
política fronteriza británica y el relativo liberalismo
del dominio británico, para establecer repúblicas
propias en tierras supuestamente desocupadas. Pero las tierras no
estaban deshabitadas, y los holandeses necesitaban tierras ya pobladas
porque eran las que tenían agua y mano de obra.
En 1800, el sur de Africa carecía de fáciles rutas
de transporte terrestre, con pocos pueblos propiamente dichos, pocos
bancos y poco comercio organizado salvo para la exportación
de productos animales, especialmente lana. Sin embargo, para 1900
esto había cambiado, fundamentalmente gracias al descubrimiento
de diamantes y oro a partir de 1867.
Llegaron compañías de prospección, fundamentalmente
británicas, que contrataban mano de obra negra de las regiones
pobladas por los africanos: sotho, tswana, zulu y swazi. Luego siguió
la apertura de los bancos imperiales y los ferrocarriles.
Se erigieron los barrios negros. Los buscadores peleaban unos con
otros y trataban de excluir a los africanos, introduciendo luego
complejos cercados para imponer su control. Muchos robaban o contrabandeaban
las preciadas mercancías, lo cual amenazaba las ganancias
y el orden público.
Se disputó la soberanía sobre los yacimientos de diamantes.
Las reclamaciones más poderosas sustentadas en la ocupación
eran las de los griquas y rolong, y en términos de acuerdos
internacionales las de la República del Estado Libre de Orange.
Un mediador británico le concedió el territorio a
los griquas.
En 1871, a solicitud de los griquas, Gran Bretaña aceptó
el control del territorio conocido como Colonia Real de Griqualand
Occidental, ignorando los reclamos de los rolong y las repúblicas
boer. Gran Bretaña comprendía el valor estratégico
del "camino hacia el norte" a lo largo del borde oriental
del Desierto de Kalahari, fácilmente bloqueado por los gobiernos
de las repúblicas boer.
El Estado Libre de Orange aceptó un arreglo monetario en
1876, pero el problema de las relaciones interestatales no se resolvió
por varias razones, entre ellas, los reclamos por un estrechamiento
de las relaciones económicas que el ambiente político
no podía tolerar. Los obreros fluían hacia los centros
mineros a través de territorio republicano y regresaban con
armas de fuego. Se sucedieron enconados enfrentamientos entre las
fuerzas coloniales y republicanas entre 1876 y 1881. Este fue el
período más sangriento de lucha en la historia sudafricana,
durante la cual los reinos negros libraron heroicas batallas en
defensa de sus tierras contra boers y británicos por igual.
Pero los africanos también luchaban entre sí por
controlar lo que quedaba de sus territorios cada vez más
pequeños. Como consecuencia, los reinos africanos al sur
del Limpopo cayeron bajo el dominio blanco antes de 1900.
Mientras tanto, a medida que crecía el deseo de las potencias
europeas de acceder a Africa, aumentaba también la determinación
del gobierno británico de establecer su predominio. Para
ello decidió fundir varios territorios separados en una entidad
federal de su cosecha que incluía la anexión del Transvaal
mediante un golpe de estado en 1877. Los boer lograron frustrar
este plan en Majuba en 1881, pero la consolidación de la
extracción de oro en Transvaal constituía tal amenaza
al equilibrio económico de la región en detrimento
de las colonias costeras, que Gran Bretaña decidió
debilitar la república, ahora bajo el mando de Paul Kruger,
rodeándola.
En octubre de 1899 Paul Kruger declara la guerra a los británicos.
|
 |